Cuando el Imperio romano ocupó todo el Mediterráneo casi por completo, fue necesario dividirlo en provincias para facilitar su dirección. En la Península Ibérica se crearon tres provincias: Tarraconense, Lusitania y Bética. Al frente de cada una de ellas había un gobernador que tenía su propio ejército y cierta autonomía con respecto al gobierno central de Roma.
Roma impuso en todos los territorios conquistados sus costumbres, su lengua (el latín), sus leyes, su forma de construir las viviendas… a esto se llamó romanización.
Nuestras leyes actuales tienen todavía mucha influencia de las leyes romanas, y del latín han derivado el gallego, el catalán, el castellano, el francés, el italiano y otras lenguas.
CREACIÓN DE CIUDADES ROMANAS
Antes de la llegada de los romanos ya existían ciudades en España, pero ellos contribuyeron decisivamente en su desarrollo gracias a las obras públicas que realizaron. Los romanos crearon muchas ciudades en España como Barcelona, Zaragoza, Valencia, Mérida, y en Andalucía destacaron Córdoba (Corduba) y Sevilla (Hispalis). Estas ciudades fueron construidas en la costa, en las orillas de grandes ríos o en lugares estratégicos militares, geográficos o económicos.
No todas las ciudades romanas eran iguales en cuanto a sus derechos y orígenes. Se crearon ciudades coloniales, fundadas por militares veteranos o colonos; estas ciudades eran las que tenían más privilegios. También había ciudades federadas con privilegios, y ciudadesestipendiarias (normalmente indígenas), que estaban sujetas a tributos y no tenían fuero especial.

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